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El apasionante nombre de California y su historia

La California original es mexicana. Un nombre lleno de carga poética y legado histórico, que nació en lo que es hoy Cabo San Lucas.

¿Cuál es su apasionante historia? La respuesta se encuentra en el libro Sobre el nombre California, del historiador bajacaliforniano Carlos Lazcano Sahagún.

Se trata de una investigación apasionada sobre la huella cartográfica de uno de los nombres más fascinantes de la geografía mundial.

De la literatura al Pacífico

El rastreo del nombre comienza en la Europa medieval. La primera aparición se encuentra en La Canción de Roldán, el cantar épico más célebre de la Edad Media, donde aparece una región llamada Califerne.

Siglos después, reaparece en Las Sergas de Esplandián, novela de caballerías que fue un éxito a lo largo del siglo XVI. En sus páginas aparece una isla llamada California, gobernada por la reina Calafia y habitada por amazonas.

La descripción geográfica que da la novela sustenta ese aire mítico: «Sabed que a la diestra mano de las Indias existe una isla llamada California muy cerca de un costado del Paraíso Terrenal.»

Esa dimensión poética es parte de la riqueza que no debe de ser ignorada.

Cuando los hombres de Hernán Cortés comenzaron a explorar el Mar del Sur, el actual océano Pacífico, llevaban esas lecturas en la memoria. Los mitos y las cartas náuticas viajaban juntos.

Cortés y el primer bautizo

El 3 de mayo de 1535, Hernán Cortés desembarca en lo que hoy es la Bahía de la Paz. La bautiza como Bahía y Puerto de Santa Cruz. Había partido en busca de una supuesta isla descubierta por Fortún Jiménez.

La expedición fracasa debido a la resistencia del pueblo originario de los guaycuras.

Pero tras esa expedición los soldados comenzaron a llamar extraoficialmente «Cabo California» a lo que hoy es Cabo San Lucas. 

El primer mapa que lo registra es el de Diego Gutiérrez, de 1562. Un mapa posterior, de 1587, ya extiende el nombre a toda la península.

Durante décadas, los cartógrafos no se pusieron de acuerdo sobre si esta región era una isla o una península. El error no se corrigió definitivamente hasta las navegaciones de Francisco de Ulloa y Fernando de Alarcón en 1540. 

Entre las curiosidades de algunos mapas de aquella época, el actual Mar de Cortés aparece pintado de color rojo, con el también poético nombre de Mar Bermejo.

Época misional 

El nacimiento oficial de California llega en octubre de 1697, cuando el misionero jesuita Juan María de Salvatierra funda la primera misión en todo el territorio: Nuestra Señora de Loreto.

Durante los siguientes 70 años, los jesuitas levantaron 18 misiones a lo largo de la península. Loreto fue la capital de las Californias.

Fue hasta 85 años después de que este territorio se llamara California que en Estados Unidos también se nombró a su estado con ese nombre. Casi un siglo de ventaja, lo que permite a Lazcano señalar el derecho de los mexicanos para recuperar tan especial nombre.

Dos territorios

Luego de 1767 con la expulsión de los misioneros jesuitas, los misioneros franciscanos llegan a la región y avanzan hacia el norte. Nace así lo que se llamará Nueva California. Para distinguirla de la original, a la península se le empieza a llamar Antigua California o Vieja California, y ya en el siglo XIX, Baja California.

En 1848, tras la guerra con Estados Unidos, México pierde más de la mitad de su territorio. La Alta California deja de ser mexicana. Y los estadounidenses se quedan simplemente con el nombre: California. 

Y aunque los Estados Unidos intentaron despojar también de la península a México, Luis Gonzaga Cuevas y Bernardo Couto lograron que permaneciera en manos de la nación. Al establecer las líneas fronterizas, ampliaron los límites geográficos para asegurar que una franja de tierra conectara la península con el territorio continental. 

Sin embargo, el gobierno mexicano oficializó el nombre Baja California en lugar de reclamar el nombre propio. Para Lazcano, esa fue una oportunidad histórica perdida. Su propuesta es clara: el estado actual de Baja California Sur debería llamarse California, y el estado de Baja California, California Norte.

Crítica a la «Baja»

La principal discusión que propone el historiador es referente a la popularización del término «Baja», que mutila el nombre de la entidad, genera desmemoria y desarraigo.   

Ubica en los años setenta el momento en que «Baja» dejó de ser un adjetivo geográfico para convertirse en una marca, esto debido a las carreras Baja 1000 y Baja 500, invención estadounidense, señala el autor. Las cuales observa que llegaron a este territorio después de que se cancelaran permisos para realizarlas en Estados Unidos por las afectaciones que causan al medio ambiente. 

Luego vinieron los resorts, los desarrollos turísticos, e incluso los negocios locales que adoptaron el término para atraer al público extranjero.

Lo que más le preocupa al historiador no es solo la presión externa. Es que los propios habitantes de la región han adoptado el término. Que los gobiernos de Baja California y Baja California Sur lo promuevan activamente. Que se argumente una supuesta derrama económica mientras se erosionan los recursos naturales y el patrimonio histórico y cultural.

El ejemplo más elocuente, y más indignante señala Lazcano en su libro, es una propuesta que se hizo en Ensenada en donde se buscaba cambiar el nombre de una calle llamada Lázaro Cárdenas por el nombre de Baja 1000. 

Detrás de todo esto, señala Lazcano, hay un vacío educativo. No existen programas que refuercen la historia regional en las escuelas. Y lo que no se conoce, no se quiere. Lo que no se quiere, no se defiende. Y lo que no se defiende, se pone a la venta al mejor postor.

Un libro que le habla a todo México

Un pueblo se construye a partir del orgullo por sus raíces, escribe Lazcano. Por el árbol genealógico, los ancestros que habitaron la misma tierra, los nombres que fueron suyos antes de que nadie se los disputara.

Nombrar contiene una profunda fuerza. Para hacer cultura, identidad y arraigo. Es algo que hace existir aquello que se nombra y que lo visibiliza.

Sobre el nombre California es una investigación histórica y cartográfica escrita desde el amor a una tierra. Pero tiene algo que todo buen libro de viajes necesita: la capacidad de transformar la mirada.

Quien lee este libro y luego recorre la península lo hace de otra manera. Ve en Loreto a la antigua capital de las Californias. Aprecia ese paso de siglos, de historia y poesía, que se forjó en el arco de Cabo San Lucas. 

El paisaje es algo que va más allá de un destino turístico: nuestra California que nació en los mapas con un nombre mítico, poético y propio.

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